miércoles, 22 de agosto de 2018

Pulseras Artesanales

Pulseras artesanales de Guayaquil 
Resultado de imagen para pulseras artesanales

¿ Como hacer pulseras artesanales ?
Hacer pulseras es una de las manualidades que puede hacer la mayoría de las personas, incluso el arte de trabajar con las manos creando, es muy beneficioso para el cerebro.
En el caso de la realización de pulseras artesanales necesitas tener un poco de imaginación y luego podrás hacer tus propias combinaciones tanto de tejiudos, colores, formas y largos.

Realizar pulseras artesanales paso a paso

Puedes encontrar muchos ejemplos de pulseras que cada una tiene un secreto de tejido pero que no son nada complicadas, sólo necesitarás tener un espacio de trabajo cómodo y siempre cada tejido debe ser sujetado con firmeza para evitar que la pulsera se torne con efectos no deseados o queden más largos algunos tramos.
 

Materiales más comunes en el macramé

pulseras artesanales de varios modelos
Para que puedas tener una referencia de los tipos de hilos más usados en la fabricación de pulseras artesanales existen unos 7 tipos de hilos más empleados:
  • Hilo encerado (es más fácil de enlazar los nudos)
  • Hilo mercerizado (es un hilo más estético)
  • Hilo cola de rata (el que usaremos en el ejemplo y tiene colores más brillantes)
  • Hilo de hemp (le da un toque más rústico al diseño)
  • Lana delgada (puede resultar más cara que las otras opciones ya que se vende en madejas grandes en algunos lugares)
  • Hilo de Nylon (tiene mucha variedad de grosores pero los nudos son son punto débil, ya que tienden a aflojarse con facilidad)
  • Hilo para bordar (no hay mucha variedad de colores pero los nudos quedan muy estéticos)
Dependiendo del dise

viernes, 19 de enero de 2018

Poesia

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, 
te pareces al mundo en tu actitud de entrega. 
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava 
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. 

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros 
y en mí la noche entraba su invasión poderosa. 
Para sobrevivirme te forjé como un arma, 
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. 

Pero cae la hora de la venganza, y te amo. 
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. 
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! 
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste! 

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia. 
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso! 
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, 
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.


soneto 12

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

soneto 22

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

Soneto 93
Si alguna vez tu pecho se detiene,
si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,
si tus manos se olvidan de volar y se duermen,
Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
para que así también me acompañe en mi muerte.
Me moriré besando tu loca boca fría,
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
y buscando la luz de tus ojos cerrados.
Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
iremos confundidos en una sola muerte
a vivir para siempre la eternidad de un beso.

Soneto 45
No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,
porque, no sé decírtelo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.
No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.
Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,
porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

jueves, 18 de enero de 2018

Acertijos y Leyendas

Cena de matrimonios

Cuatro matrimonios han quedado para cenar en un restaurante, pero cada persona llega por separado.
¿Cuántas personas tendrán que haber llegado al restaurante, como mínimo, para que con certeza haya al menos un matrimonio?
Solución
Para que haya con certeza un matrimonio, tienen que haber por lo menos cinco personas. Si solo fueran cuatro podrian ser todo hombres o todo mujeres.


Nuevos compañeros

En la apertura de una empresa, tres de los futuros colegas de trabajo, el señor Bajo, la señora Grande y el señor Delgado se dieron cuenta de que las tres características que correspondían a sus apellidos también podían ser aplicadas al físico de cada uno de ellos.
- De todas formas, ninguno tiene la característica que cabría esperar de su apellido - señaló enseguida el más espigado de los compañeros, el señor Bajo.
¿Qué características físicas poseen los tres colegas?
Solución 
De la afirmación aplicable a los tres colegas según la cual ninguna de sus características físicas coincide con el apellido correspondiente, puede deducirse que:
  1. El Sr Bajo sólo puede ser grande o delgado.
  2. La Sra Grande solo puede ser baja o delgada.
  3. El Sr Delgado sólo puede ser bajo o grande.
Puesto que al Sr Bajo, de quien hemos dicho que era el más espigado, debe corresponderle con toda seguridad la característica "grande", puede concluirse finalmente que:
  1. El Sr. Bajo es grande.
  2. La Sra. Grande es delgada.
  3. El Sr. Delgado es bajo.

Las tres corbatas

El Sr Blanco, el señor Rojo y el Sr Pardo se encuentran por la calle.
- Qué curioso - dice el que lleva la corbata roja -, los colores de nuestras corbatas se corresponden con nuestros apellidos, pero ninguno lleva el color del propio.
- Tiene uste razón - comenta Blanco
¿De qué color es la corbata de cada uno?
Solución 
La corbata roja sólo la pueden llevar Blanco o Pardo. Pero el primero que habla no es Blanco (pues éste le contesta); luego es Pardo. Si Pardo lleva la corbata roja, Blanco tiene que llevar la parda y Rojo la banca.

No hay cambio

Un hombre intenta infructuosamente sacar tabaco de una máquina de un bar con una moneda, al parecer defectuosa, de dos euros. Se dirige al camarero y le pregunta:
  • - ¿Podría cambiarme esta moneda por otra de dos?
  • - Lo siento, no tengo ninguna
  • - Entonces, por favor, déme suelto
  • - Lo siento, no puedo
El hombre busca en su bolsillo y le dice al camarero:
  • - Entonces, por favor, cámbieme esta moneda de 1 euro para telefonear.
  • - Lo siento, tampoco puedo cambiársela. Y tampoco podría cambiarle una de 50 céntimos, ni una de 20, ni siquiera una de 10.
  • - Es posible que no tenga usted ninguna moneda?
  • - No he dicho tal cosa - replica el camarero -. De hecho, tengo 2,35 euros en monedas.
¿Qué monedas tiene el camarero?
Solución 
No puede tener más de una moneda de 1 euro (pues entonces tendría cambio de 2 euros), ni más de una de 50 céntimos, ni más de una de 10, ni más de una de 5 céntimos, pero 20 céntimos puede tener hasta cuatro (si no tiene ninguna de diez). PPor lo tanto, la única forma de tener 2,35 euros es con una moneda de 1 euro, una de 50 céntimos, cuatro de 20 y una de 5 céntimos.

leyendas

La Leyenda del Charro Negro


El Charro Negro
Una de las leyendas más extendidas de México, y también de las que más variantes poseen, tienen como denominador común la figura fantasmal de un hombre alto, delgado y vestido de charro negro, montado sobre un caballo también negro. Sea cual sea la variante de la historia que escuchemos, lo más probable es que tenga que ver con una bolsa de monedas, por lo que quizá se trate de una advertencia contra la avaricia, donde el desgraciado que acepta las monedas, queda irremisiblemente condenado.
Esta leyenda se extiende a varios estados de la República de México; Veracruz, Hidalgo, Puebla o Tlaxcala son sólo algunos ejemplos, presentando diferencias en la narración, pero siempre con el mismo nexo común de advertencia.
Una de las variantes de la leyenda nos cuenta que, si el charro negro se nos aparece y ofrece una bolsa con monedas, no debemos aceptarla, ya que pasaríamos a tomar su lugar, condenados a vagar hasta que otro pobre desgraciado acepte nuestras monedas (aunque también hay versiones en que el castigo es nada menos que la muerte).
También nos encontramos con el charro negro como cobrador de deudas, concretamente en Pachuca, donde esta figura fantasmal se aparecía para cobrar un hijo como pago, a cambio de la ayuda sobrenatural para salir de la miseria. Se cuenta que, quienes aceptaban este trato, estaban obligados a criar una enorme serpiente capaz de hablarnos en sueños, y que exigía a sus beneficiarios dicho pago de hijos.
Una variante más moderna del charro negro la encontramos en las leyendas urbanas de Puebla, donde algunos taxistas afirman que un misterioso viajero se sube a sus coches, para desaparecer en mitad del trayecto sin siquiera abrir la puerta, en medio de una terrible carcajada. Aunque en esta versión, no hay oferta ni trato, simplemente un susto considerable.
Sea como fuere, las diferentes versiones de la leyenda del charro negro convergen en la idea del castigo por la avaricia o la codicia, haciéndonos (de una u otra forma) la eterna pregunta de ¿qué estarías dispuesto a sacrificar por dinero?

La viuda del Tamarindo

El árbol permanece solitario. Sin registro ni nada que anuncie que esa especie es el centro de una tradicional creencia en Posorja, en Guayas. Es el árbol del tamarindo que según los abuelos de la zona fue el centro de encuentro de una bella mujer que encantaba a sus víctimas y al llegar a ese punto mostraba su verdadera figura: una calavera envuelta en ropa femenina.
Los residentes o personas que llegan de visitan recuerdan esta tradición oral como verídica. Pues en la zona muchos taxistas contaron que fueron testigos del hecho, generalmente la víctimas de la viuda del tamarindo eran borrachos que frecuentaban las cantinas de la zona, u hombres que se dirigían solos a sus viviendas. 

La leyenda de la casa de los espejos en Cádiz


Fantasma en el espejo
 Una leyenda que a pesar de estar ubicada en Cádiz, bien podría haber sucedido en cualquier otro lugar del mundo. No obstante, según cuentan, la verdadera ubicación de la “casa de los espejos” es precisamente la zona costera de esta ciudad, en la Alameda Apocada, junto al monumento del Marqués de Comillas.
En este lugar existe un caserón, que a pesar de las posteriores reformas y rehabilitación como viviendas de lujo, pasó mucho tiempo abandonado. Este edificio, aunque bello por fuera, escondía y esconde una historia trágica que baña sus paredes (y cristales) de sangre.
Según la leyenda, en esta casa vivía hace mucho tiempo un reconocido almirante y su esposa junto a su hija pequeña. El almirante sentía auténtica devoción por su hija, a la que mimaba y consentía con todos los caprichos que esta le demandaba.
A cada uno de sus regresos, el almirante sorprendía a la pequeña con un espejo de cada uno de los lugares en los que había estado. Esos espejos fueron llenando durante años la casa de la familia. Aumentando cada vez más su número, al mismo tiempo que la belleza de la joven que poco a poco iba floreciendo.
Orgulloso de su ya adolescente hija, el almirante no dudaba en presumir de su belleza delante de todos sus amigos, algo que parece ser a la madre de la misma no gustaba demasiado. Y es que esta mujer había comenzado a sentir el implacable peso de los celos. Una angustia vital que aumentaba con el paso de los años relegándola a un segundo plano mientras su hija seguía ganándose el corazón de su esposo.
A raíz de esa envidia la madre y la hija comenzaron a tener discusiones casi diarias. La casa, durante las ausencias del padre, se convertía en un auténtico campo de batalla en la que ambas se lanzaban gritos y reproches sin parar. La situación se había vuelto completamente insostenible, y los celos de la esposa del almirante llegaron a un punto límite, decidió envenenar a su hija.
Al regreso del padre, la versión oficial fue que la niña había muerto de una rara enfermedad. Algo que al parecer creyó. Lo cierto es que la mujer la había estado envenenando poco a poco en cada una de las comidas, algo que le causó una muerte lenta y angustiosa.
El dolor del pobre hombre no tenía fin, lloraba por las esquinas, por las habitaciones de su hija. Miraba día tras días los espejos que él mismo había regalado a su pequeña. Espejos que un día reflejaron su belleza y que ahora sólo mostraban un rostro lleno de angustia y desesperación.
Uno de esos días en los que el almirante estaba sollozando en el cuarto de su hija uno de los espejos comenzó a reflejar algo extraño. Al fijarse bien se dio cuenta de que su hija estaba dentro, o más bien la imagen fantasmagórica de esta, y parecía querer darle un mensaje. La niña contó a su padre lo que había pasado, quien había sido realmente su verdugo. Y el padre entró en cólera ante la noticia.
La leyenda cuenta que el almirante obligó a su esposa a confesar el crimen que había cometido. Algo que hizo que la mujer terminara el resto de sus días entre rejas. No obstante, el dolor del padre no pareció conocer fin, así que cansado de los viejos recuerdos del caserón decidió partir a un lugar lejano para poder olvidar.
Durante el tiempo que la casa permaneció vacía, los testimonios de jóvenes que habían entrado merodeando y habían visto la imagen de la niña reflejada en espejos son cientos. Historias contadas supuestamente en primera persona, que narraban como la muchacha aparecía con un semblante lleno de ira y como los chicos salían automáticamente corriendo de la casa, ninguno de ellos se atrevía a entrar por segunda vez.
A pesar de que en la actualidad el lugar ha cambiado de dueños y ha sido aprovechado para construir casas de lujo, lo cierto es que muchos aseguran que el espíritu de la niña sigue encerrado en el edificio. Algo que seguramente nunca sabremos a ciencia cierta si no experimentamos una noche dentro de este, eso sí, quizá sin los cientos de espejos que antiguamente cubrían sus paredes no sea ni la mitad de tétrico… ¿o sí?

La leyenda de las procesiones fantasmas


Guando
Según cuenta una leyenda de Colombia, en las cunetas de los caminos y senderos o en las proximidades de bosques y arroyos, se puede contemplar en ocasiones una procesión espectral compuesta de cuatro almas en pena que llevan lo que se conoce como guando, especie de camilla mortuoria, sobre sus hombros. Aquellas personas que contemplen esta visión quedarán sobrecogidos por los monótonos y casi inteligibles rezos que estos costaleros entonan mientras caminan, causando una profunda pena en todo aquel que les vea.
El origen de esta leyenda se remonta a muchos años en el pasado y a un pueblo sin concretar en el que vivía un hombre extremadamente egoísta y malhumorado, ajeno al sufrimiento e infortunios de los demás. En las ocasiones en que un vecino del pueblo fallecía, este hombre de mal carácter se negaba en redondo a ayudar en el transporte del fallecido. Tal era su desinterés por esta tradición, que espetó a sus vecinos que el día en que falleciese no quería que nadie cargase su cuerpo, y que lo mejor sería que dejasen su cuerpo en una cuneta o lo lanzasen al río.
Y finalmente sucedió lo inevitable, y este arisco hombre falleció en soledad, pero sus vecinos poseían mucha más compasión que el difunto y acordaron hacerse cargo de su entierro. Tras construir un guando para él, trataron de levantar y colocar encima el cuerpo, pero tan pesado era el fallecido que los encargados de llevar el cuerpo debieron relevarse cada pocos metros para no desfallecer. Cuando andaban cerca del río el cuerpo pareció aumentar su peso de manera considerable, provocando que las tablillas de maderas del guando se partiesen y el difunto fuese a parar al agua junto con su camilla, donde desapareció de la vista de todos para no volver jamás, pese a los esfuerzos por recuperar el cuerpo.
Desde entonces y sólo en las vísperas de algún fallecimiento se puede contemplar el guando y a sus portadores, rezando incansablemente por el descanso de los que aun están por morir.

poesia y leyendas

MI MEJOR AMIGO
Cuando tengo algún problema
él esta para escucharme
pues el siempre me aconseja
y me ayuda a desahogarme.
Cuando pienso en el fracaso
me regala una esperanza
y me dice que en mis pasos
yo debo tener confianza.
El me comparte sus penas 
y también las cosas buenas
que le pasan en su casa
y en la escuela.
El me hace mirar mis faltas
cuando cometo un error
y nunca me da la espalda
cuando le pido un favor.
Cuando el tiempo nos separa
los recuerdos nos consuelan
y si es grande la distancia
no importa lo que suceda 
pues somos amigos
y nuestra amistad
es lo que nos mantiene unidos.
El es mi amigo sincero 
y mi más fiel compañero
el que guarda mis secretos
y me sabe comprender.
El que me dice
cuenta conmigo
es mi mejor amigo.

LEYENDA DEL CURA SIN CABEZA
Esta no es una historia común, y definitivamente es una historia real que le sucedió a mi padre durante su adolescencia. Tenía él unos 12 años y era su turno de cuidar el ganado en esa noche. El ganado estaba en las alturas del pueblo y allí lo esperaba mi abuelo.
Pueblo de San José
Mi padre partió cayendo la noche, tenía que caminar por lo menos unas dos horas desde el pueblo de San José, para llegar a la chacra, y a la mitad del camino tenía que atravesar el cementerio.
Precisamente cuando terminó de cruzar el cementerio, sintió unos pasos, pensó que era su hermanito menor  que en ese entonces lo seguía para todos lados, así que empezó a gritar su nombre…. Pero no hubo respuesta.
Siguió avanzando, el temor comenzó a apoderarse de él… y nuevamente los pasos. Volteó y observó a un hombre ataviado con un poncho y un sombrero que lo seguía. Quiso detenerse, pensó que podría ser alguien del pueblo, y así no se sentiría solo.
Actual Plaza de Armas 
del pueblo
Al ralentizar sus pasos y virar de nuevo, notó con espanto, que no era un poncho sino una túnica, que el sombrero estaba sujeto en el aire, y que el hombre sin cabeza parecía flotar.
Aceleró los pasos, ya se encontraba cerca de mi abuelo y empezó a llamarlo: ¡Papá! ¡Papá!... Mi abuelito como sospechando, saltó de su provisorio lecho, y comenzó a bajar de la altura gritando el nombre de mi padre: ¡hijo, hijo, estoy bajando!
El cura sin cabeza se desvaneció. Dicen los abuelos del pueblo que huye cuando ve dos a más personas. Mi abuelo sabiendo ello, empezó a gritar el nombre de mi padre para evitar que el cura sin cabeza espante a mi padre.

miércoles, 17 de enero de 2018

Cuentos y Mitos

Cuentos 

El amo y el criado

Cuento popular El amo y el criado


En un pueblo de América Latina, en una gran casa con jardín, vivía un hombre solitario al que sólo le gustaba la compañía de su viejo criado.
El sirviente llevaba muchos años a su servicio y se encargaba de todos los quehaceres para que el hogar estuviera siempre limpio y ordenado. Cada mañana se levantaba antes del amanecer para hacer las camas, quitar el polvo y tener listo el desayuno a primerísima hora.  No había nadie más profesional, servicial y educado que él, y por eso, el señor de la casa le respetaba y apreciaba mucho.
Un día este hombre, que dirigía una empresa y siempre estaba muy ocupado, llegó a casa muy alterado.
– ¡Estoy enfadadísimo! Toda la mañana en reuniones de trabajo y no ha servido para nada ¡Estoy rodeado de holgazanes que no tienen dos dedos de frente!
El criado, que tenía confianza con él, intentó quitarle hierro al asunto para que se apaciguara.
– Tranquilo que ya verá cómo el problema no es tan grave y tiene solución. Me disgusta que regrese de la oficina así de disgustado ¡Se ha puesto tan colorado que parece que va a explotar!
Pero él seguía echando chispas, agitando las manos y gritando como un descosido.
– ¡No puedo, no puedo! ¡Encima llevo seis horas sin comer y estoy hambriento! ¡Sírveme la comida ahora mismo porque si no me voy a desmayar!
El criado asintió con la cabeza y se alejó hacia la cocina con paso presuroso. Dos minutos después regresó al comedor con un gran plato de sopa entre las manos.
– Aquí tiene una deliciosa sopa de verduras, su favorita. Ande, tómesela, ya verá qué bien le sienta.
El caballero se sentó a la mesa, se ató una servilleta de lunares al cuello y metió la cuchara en la sopa. En cuanto la probó…
– ¡Puaj, qué asco de sopa! ¡Esto es incomible! No tiene ni pizca de sal y encima  ¡está helada!
Fue la gota que colmó el vaso; se levantó y en un arrebato de furia, agarró el plato y lo lanzó por la ventana.
En un primer momento el criado no supo qué pensar ni qué hacer, pero enseguida reaccionó;  En silencio se acercó a la mesa, cogió el pan, el vino, la servilleta, los cubiertos y el mantel, y también los lanzó por la ventana con tantas ganas que atravesaron medio jardín.
Los gritos del señor retumbaron por toda la casa.
– ¡¿Pero qué haces, inútil?!  ¿Cómo te atreves a tirar mis pertenencias?  ¿Quién te crees que eres?
El criado, sin perder la calma, le miró a los ojos y respondió:
– Perdone, señor, pero no pretendía hacer nada incorrecto. Como tiró la sopa por la ventana di por hecho que quería cenar en el jardín, así que acabo de hacer lo mismo que usted: he lanzado todo lo necesario para que disfrute de la comida bajo los árboles. Afuera tiene el pan, el vino, la servilleta, los cubiertos y el mantel a su disposición.
El amo se sintió muy avergonzado porque sabía que su criado y viejo amigo sólo quería demostrarle lo feo que había sido su comportamiento.
– Lo siento, lo siento mucho…  Por culpa de los nervios me he comportado como un ser irracional, maleducado y lleno de soberbia.  Espero que sepas perdonarme.
El criado sonrió satisfecho y se acercó a darle un abrazo. Entre ellos jamás volvió a producirse una situación desagradable y continuaron respetándose el resto de sus vidas.

El caminante inteligente

Cuento Popular El caminante inteligente

Adaptación del cuento popular de Cuba

Tras varias horas caminando bajo el sol un hombre pasó por una pequeña granja, la única que había en muchos kilómetros a la redonda. El olorcillo a cocido llegó hasta su nariz y se dio cuenta de que tenía un hambre de lobo. Llamó a la puerta y el dueño de la casa, bastante antipático, le abrió.
– Buenas tardes, señor.
– ¿Quién es usted y qué busca por estos lugares?
– No se asuste, soy un simple viajero que va de paso. Me preguntaba si podría invitarme a un plato de comida. Estoy muerto de hambre y no hay por aquí ninguna posada donde tomar algo caliente.
El granjero no se compadeció y para quitárselo de encima le dijo en un tono muy despectivo:
– ¡Pues no, no puedo! Son las cinco y mi esposa y yo ya hemos comido ¡En esta casa somos muy puntuales y estrictos con los horarios, así que no voy a hacer ninguna excepción! ¡Váyase por donde vino!
El hombre se quedó chafado, pero en vez de venirse abajo, reaccionó con astucia; justo cuando el granjero iba a darle con la puerta en las narices, sacó un billete de cinco pesos del bolsillo de su pantalón y se lo dio a un niño que jugaba en la entrada.
– ¡Toma, guapo, para que juegues! ¡Si quieres otro dímelo, que tengo muchos de estos!
El granjero vio de reojo cómo el desconocido le regalaba un billete de los gordos a su hijo y pensó:
– “Este tipo debe ser rico y eso cambia las cosas… ¡Le invitaré a entrar!”
Abrió la puerta de nuevo y con una gran sonrisa en la cara, le dijo muy educadamente:
– ¡Está bien, pase! Mi mujer le preparará algo bueno que llevarse a la boca.
– ¡Oh, es usted muy amable, gracias!
Aguantando la risa, el viajero pasó al comedor y se sentó a la mesa ¡Había echado el anzuelo y el pez había picado!
Mientras, el granjero, un poco nervioso, entró en la cocina para hablar con su mujer. En voz baja, le dijo:
– Creo que este desconocido está forrado de dinero porque le ha regalado a nuestro hijo un billete de cinco pesos  ¡y le escuché decir que tiene muchos más!
– ¿En serio?… Pues entonces no podemos dejarle escapar ¡Tenemos que aprovecharnos de él como sea!
– ¡Sí! Vamos a intentar que esté lo más contento posible y ya se me ocurrirá algo.
El granjero y su mujer adornaron la mesa con flores y sirvieron la comida en platos de porcelana fina que se sintiera como un rey, pero el viajero sabía que tanta atención no era ni por caridad ni por amabilidad, sino que lo hacían por puro interés, porque pensaban que era rico y querían quedarse con parte de su dinero ¡El plan había surtido efecto porque era lo que él quería que pensaran!
– Señora, este es el mejor arroz con pollo que he comido en toda mi vida ¡Tiene usted manos de oro para la cocina!
– ¡Muchas gracias, me alegro mucho de que le guste! ¿Le apetece un café con bizcocho de manteca?
– Si no es molestia, acepto encantado su invitación.
– ¡Claro que no, ahora mismo se lo traigo!
El postre estaba para chuparse los dedos y el humeante café fue el colofón perfecto a una comida espectacular.
– Muchas gracias, señores, todo estaba  realmente delicioso. Y ahora si me disculpan, necesito ir al servicio… ¿Podrían indicarme dónde está?
– ¡Claro, faltaría más! El retrete está junto al granero; salga que en seguida lo verá.
– Muchas gracias, caballero, ahora mismo vuelvo.
El astuto viajero salió de la casa con la intención de no volver. Afuera, junto a las escaleras de la entrada, seguía jugando el niño; parecía muy entretenido haciendo un avión de papel con el billete que un par de horas antes le había regalado. Se acercó a él y de un tirón, se lo quitó.
– ¡Dame ese billete, chaval, que ya has jugado bastante!
Lo guardó en el bolsillo, rodeó la casa y echó a correr.
– ¡Tengo que largarme antes de que los muy tontos se den cuenta de que les he engañado!
Y así, con el buche lleno y partiéndose de risa, el viajero  se fue para siempre, contento porque había conseguido burlar a quienes habían querido aprovecharse de él. 

Aquel viejo, viejo vino

Cuento Popular Aquel viejo, viejo vino

Adaptación del cuento de Gibrán Jalil Gibrán

Cuenta una historia muy antigua que hace muchos años vivía un hombre muy rico y poderoso que tenía una vida llena de privilegios; residía en una casa enorme rodeada de hermosos jardines, vestía las más elegantes  ropas y degustaba manjares que no estaban al alcance de casi nadie.
Cuando se paraba a pensar en todo lo que poseía, se sentía pletórico de felicidad.
– “¡No puedo ser más afortunado! Tengo todo lo que un hombre de cincuenta años puede desear: una hogar lujoso, criados que me sirven y oro a raudales para permitirme el capricho que me dé la gana ¡La verdad es que soy un tipo con suerte!”.
Sí, lo tenía absolutamente todo, pero de lo que más orgulloso se sentía era de la vieja  bodega que había construido en el sótano de su mansión. Allí, rodeadas de oscuridad, reposaban decenas de botellas de vino que para él eran un auténtico tesoro.
Entre todas había una muy especial, la que consideraba la joya de la corona por ser la más antigua y valiosa. No permitía que nadie se acercara a ella y de vez en cuando bajaba a comprobar que seguía en su sitio.
Se la quedaba mirando, la acariciaba con suavidad y siempre pensaba lo mismo:
– “Esta botella contiene el mejor vino del planeta y sólo la descorcharé cuando venga a visitarme alguien realmente importante ¡Me niego a desperdiciar este exquisito caldo con gente que no lo merece y mucho menos con personas incapaces apreciarlo!”.
Resultó que un día pasó por su casa un hombre de negocios que gozaba de muy buena reputación en la ciudad. Mientras charlaba con él en el salón, pensó en bajar a la bodega y compartir con él su más preciada botella.
La idea revoloteó por su cabeza unos segundos, pero rápidamente cambió de opinión y se dijo a sí mismo:
– “¡No, no, será mejor que no! Este caballero no es lo suficientemente importante como para invitarle a beber mi fabuloso vino de reserva… ¡Le daré agua fresca y santas pascuas!”.
Un par de meses después recibió por sorpresa la visita del presidente del gobierno de su país, y por supuesto, le invitó a comer.
Cuando los criados sirvieron el suculento asado, al hombre le asaltó el mismo pensamiento que tiempo atrás.
– “¡Qué honor tener al presidente en mi casa! Tal vez debería abrir mi maravillosa botella de vino para acompañar la carne… ¡Bueno, no, la dejaré para otra ocasión! Su ropa es bastante fea y anticuada, así que me temo que un hombre con tan poco gusto no va a disfrutar de un vino sólo apto para paladares refinados”.
Y así fue cómo, una vez más, dejó pasar la oportunidad de degustar su excelente vino en buena compañía.
Llegó el otoño y una tarde ventosa recibió una carta de palacio que anunciaba que, en unas horas, recibiría la visita del príncipe del reino. Como es lógico la idea le entusiasmó y se puso bastante nervioso. Todo tenía que estar perfecto cuando llegara el hombre más ilustre que podía pisar su hogar ¡Nada más y nada menos que el príncipe!
Llamó a los criados a golpe de campana y cuando los tuvo frente a él, les indicó:
– El príncipe almorzará aquí mañana ¡Se presentará a las doce, y tanto la casa como los jardines tienen que estar limpios y esplendorosos! Por descontado, no quiero que falte ningún detalle en la mesa ¡Pongan el mantel de encaje, los platos de porcelana y las copas de cristal reservadas para los banquetes!
El hombre sentía que el corazón le latía a mil por hora.
– ¡Y por favor, esmérense con la comida! Tenemos que ofrecerle el mejor pescado fresco que encuentren y los postres más deliciosos que sean capaces de preparar ¿Queda claro?
Los sirvientes asintieron con la cabeza y se fueron a toda prisa a organizarlo todo pues no había tiempo que perder. Él, mientras tanto, se quedó mordisqueándose las uñas y reflexionando sobre su cotizada botella.
– “¿Será mañana el día más apropiado para servir ese vino?… ¡Se trata del príncipe!…  ¿Qué hago, le invito o no le invito?”.
La duda que le corroía se esfumó rápidamente:
– “¡Bah, no, me niego! Al fin y al cabo no es un rey ni un emperador, sino un joven príncipe que se lo va a beber a grandes tragos como si fuera un vino barato”.
Y así fue que los años fueron pasando y pasando hasta que el hombre se convirtió en un anciano que de viejo se murió. Tanto había esperado la ocasión perfecta para abrir su queridísima botella, que abandonó este mundo sin probarla.
La noticia de su fallecimiento corrió como la pólvora. Como había sido un hombre rico e influyente en vida, todos sus vecinos y empleados acudieron a su casa para darle el último adiós.
¡En el comedor no cabía un alma! Se reunieron decenas de personas y los criados se vieron obligados a bajar a la bodega a por botellas de vino para servir unas copas. Se las llevaron todas, incluida la botella de vino añejo que tan celosamente había guardado su señor durante más de cuarenta  años.
¡Una verdadera lástima!…Quienes lo bebieron no se dieron ni cuenta de que estaban tomando un carísimo vino único en el mundo; para ellos, el vino era simplemente, vino.
Mitos

Mito la Madre de Agua

Es una verdadera diosa de las aguas, aunque sus pies sean volteados hacia atrás no deja de ser bella, la Madre de agua deja rastros a la dirección contraria a la que se dirige. 
Mito la Madre de Agua

Esta mujer solo persigue a niños, a quienes se le dirige con ternura, los enamora, los atrae con dulzura y amor maternal, situación que preocupa a los padres de familia. Los niños atraídos por la Madre de agua se enferman, sueñan con la hermosa rubia que los adora y la llaman con frecuencia. Cuando los niños están cerca del río, que escuchan su voz la siguen tirándose al agua con peligro.

Los campesinos creen que la Madre de agua surgió de una bella joven española que se enamoró de un joven indígena, con quien tuvo un niño. Cuando el padre de la joven se enteró de lo sucedido, ahogó al niño frente a sus padres, luego mató al amante indígena. La madre desesperada se lanzó al río, convirtiéndose en una apasionada por los niños y vengativa de la humanidad

Mito el Cóndor

En un pueblo un hombre vivía con su hija, ella tenía como tarea cuidar a las ovejas. Todos los días iba un joven a visitarla mientras ella cuidaba las ovejas, hasta que un día se hicieron buenos amigos.

Mito el Cóndor

Un día soleado empezaron a jugar a que él la cargaba y ella a él, cuando de pronto ella se dio cuenta que estaba volando. Desde ese día el joven se convirtió en su cóndor, él la cuidaba, la alimentaba. Pasaron muchos años los dos crecieron tuvieron hijos, pero ella no dejaba de pensar en su padre y todas las noches lloraba ya que había abandonado a su padre y lo había dejado solo con los animales.

Un día ella se encontraba regando las flores y encontró a una mariposa la cual le pidió ayuda para volver a ver a su padre, la mariposa le dijo al cóndor que su esposa y sus hijos habían desaparecido, mientras la mariposa hablaba con el esposo ella escapaba con sus hijos y regresaba con su padre.

Desde que ella regresó con su padre, el cóndor jamás volvió, ella todos los días volaba para ver si veía al cóndor pero nunca más lo volvió a ver.

Mito el Niño Lluvia

En el bosque vivía un niño con un hombre, ahí también se encontraban varios niños, pero es éste niño de cabellos largos tenía una particularidad, el niño no era un humano, si no lo lluvia convertida en un niño, entonces el hombre como no sabia nada se quedó con el niño, cuando quiso agua para la tinaja el niño escurrió su cabello largo y se la dio para que pudiera tomarla.

Mito el Niño Lluvia

Pasó el tiempo y unos niños quisieron jugar con él, entonces comenzaron a jugar, el hombre no avisó que tuvieran mucho cuidado con él, que no le fueran a hacer nada malo.

Los niños comenzaron a pegarle patadas por todo su cuerpo, luego ocurrió algo terrible, el niño lluvia comenzó a lanzar relámpagos desde debajo de su brazo, cuando terminaron los relámpagos empezó a llover mucho y los niños que le hicieron daño desaparecieron y más nuca se volvió a saber del niño lluvia.